domingo, 9 de mayo de 2010

Del escritor patético

-Una vez conocí a un chico que llevaba tres años esperando. Estuvo fiel toda la espera, estuvo persistente y leal, consideraba una traición siquiera mirar a otras chicas por respeto a la señorita. Es todo un ejemplo.
-¿Qué pasó con él?
-La conoció un sábado por la tarde y no necesito una segunda mirada. El nombre de la chica ya no lo recuerdo, antes cada vez que lo oía lo relacionaba con él y su mirada lacónica como quien espera unas migajas de amor.
Fue sin embargo su mejor etapa. Podía partirse y negociar la otra mitad pero no la izquierda, su corazón ya estaba vendido. Se dedicó a escribir, se entregó en cuerpo y alma a escribir cartas, primero eran diez, luego cien, luego hubo que comprarle un cuaderno y cada vez que le preguntaba si le gustaría un pastel o salir al cine me decía que mejor le comprara otro cuaderno. Escribía hasta donde el alma daba, hasta que él se cansaba y decía que sus oraciones eran siempre las mismas, aburridas y monótonas y las dejaba apartadas en un rincón donde tenía una especie de altar, que incluían un calendario con fotos, una paloma juguete extraida de un pastel y una pequeña nota escrita a mano con el nombre de la chica. Ella se lo escribió para darle el número de Miriam y para corregir una dicción equivocada sin saber que estaba destinando un nombre a todos los textos del muchacho.
Un día ella lo abrazó. Me contó que hubiera podido quedarse allí para siempre y haber olvidado a sus padres, a su hermana, a su hermano que tanto cuenta con él sobre todo ahora que está grave en el hospital, a sus amigos, sus pocos amigos, sus cuatro amigos que piensan que de verdad era alguien especial. En ese abrazo sintió el peso del mundo descansar como él me lo dijo, una especie de desvelo relajante, como si ya nada importase, como si el alba nunca llegase.
Al contrario de sus comentarios, yo pienso que sus textos no eran aburridos, eran apasionados siempre y con una pizca rara que te dejaba sal en la lengua. A mi me encantaba entrar a su cuarto a escondidas y robar los cuadernos por algunos días para leerlo y maravilla, aunque releyera alguna página ya muy conocida siempre me sorprendía como aquel chico flacucho lograba desatar tremenda tormenta por una chica que ni enterada de que existía.
-No se hablaban?
-Al contrario, hablaban de más. El problema es que ella estaba enamorada, loca y perdidamente enamorada. Él conoció a una chica que le dió testimonio de esto, conoció a la chica que estaba enamorada del enamorado de la musa de los cuadernos. Cuando escuchó la historia de idas y venidas, de lucha constante por un chico inexistente que parecía sacado de novela entendió que era causa perdida y se deprimió más, siempre supo que él existía pero lo tenía como un fantasma, como el mañana que nunca llega, como una excusa para no besarla. Pero al contrario de la lógica, él era un romántico puro, era de esas personas que adoraban luchar hasta el final, aunque ya sepa que está derrotado y no tuviera ni un peón de soporte, su rey se movía infinitamente.
Ignoró el tema y siguió escribiendo. Se dejó cegar dos veces, cuando confundió atención con cariño y diversión por apego y se desvió de los textos. En ambas ocasiones salió lastimado, tal vez no fue la intención de esas personas pero no importaba, él se levantaba, sacudía el polvo y seguía escribiendo. Se dió cuenta que el único amor que saciaría su sed era aquel amor intangible, el ideal platónico, la chica de la sonrisa inefable. Incluso publicó un blog para poder dirigirle tanta carta anónima.
-Dame la dirección.
-[...]
-Por qué ese nombre?
-Es por un príncipe antiguo al que él admiraba. Se dice que tuvo que luchar contra los elementos, las grandes bestias y muchos peligros solamente para volver a ver a su amada, cuando el verdadero enemigo era su corazón.
-Lo conozco acaso?
-No lo creo. Su nombre es Gabriel y sueles verlo caminando solo por los pasajes de Yanahuara cantando con voz queda. No sé que fue de su espera, perdí su rastro cuando dijo que quería descubrir la Verdad y entregársela a ella.
-Verdad? Qué verdad?
-De porqué no podía dormir por las noches pensando en ella, sonriendo en su trabajo, en sus clases, en sus viajes por su carrera, en las personas que estaban con ella y que la veían reír, llorar, bailar y ser feliz, en lo injusto de la vida y sobre todo en lo injusto de Dios, por darle el ansia, el deseo de amar a una persona en específico y luego negarle toda oportunidad para hacer realidad ese anhelo. Iba a hallar la respuesta de porqué este ser tan magnífico era capaz de desvelarlo, de hacerlo escribir como loco y hacer intentos de tarjetas que nunca entregaba por lo desastrosos, por lo desatinados, porque ella amaba a otro. Gabriel era persistente y estoy segura de que continuará con esta búsqueda por un buen tiempo, porque ella lo tiene fascinado y porque él ya hizo su apuesta.


01 de Octubre, 2009

5 comentarios:

galicia maravillas dijo...

Me ha transportado:)) un biquiñoooo:)))

Osmar dijo...

porq tiene q sonar tan bien y a ratos tan estupido??? weno no me hagas caso

muy bueno salu2

Call me Juliet dijo...

Es admirable.
Totalmente admirable esa actitud.
Amar a alguien tan tan tan intensamente.

Aunque pase el tiempo,
aunque pasen otros besos.
Aunque la otra persona sea ajena al sentimiento.

Qué difícil es no hacérselo saber,¿verdad?

Contener las ganas de todo a la vez.
Y guardarse el amor para uno mismo.

Cómo duele.

Un beso cielo.
Como siempre, un placer pasar por aquí.

Caiguar dijo...

Creo que cuando amas demasiado y no has tenido la oportunidad de probar la suerte hay que acercarse al menos a ver que depara el futuro, luchar hasta encontrar derrota o victoria. Si encontramos derrota habrá que conseguir mucha saliva para tragar el nudo que se atora e irse viendo al ganador hacerla o hacerlo feliz; no hay de otra.

La Señorita Defectuosa dijo...

Favio! la verdad es que no sabes la ilusión que me hizo tu comentario. Gracias por leerme y por aguantarme indirectamente. Aunque yo tampoco comente sí que leo tus escritos, y que sepas que me encantan. A veces a mi cuando me abrazan tambien puedo olvidarme de todo por unos segundos.

Un beso :)