viernes, 9 de octubre de 2009

Único/Soledad

-¿Aló?
-Hi niña!! ¿Qué tal estás?
-Hola, que tal. Bien, y tú?
-Mejor creo, ya se me pasó la paranoia del estar solo creo yo.
-Por fin, ¿eso significa que vas a volver al messenger y a las llamadas telefónicas de más de media hora?
-Sep, este tiempo de aislado ya me astió.
-Y dime, en esta prueba zonzita que hiciste al aislarte, ¿cuántos te llamaron o intentaron contactar por su propia iniciativa?
-...
-Sorry
-La verdad, no entrando a internet ni bsucando a nadie sólo dos personas me llamaron por sí mismos: mi hermano del alma y mi prima...
-¿Y yo?
-Tú me respondiste a un mail que te mandé, así que no fue tu propia iniciativa creo yo
-Oye!!
-La verdad nomás
-¿Qué vas a hacer ahora?
-Nada, ya me di cuenta que opinan de mí...
-Zonzo, tú estás mal de la cabeza. Ellos tienen una vida agitada, tienen que estudiar, algunos trabajar y muchos otros mantener una familia y tú quieres que se acuerden de llamarte. Tú de por sí eres un amigo único, no te menosprecies.
-No me menosprecio, sólo que...
-Sí lo haces. Eres demasiado pesimista y siempre andas rumiando como canadiense por qué las cosas son así. Tienes que entender que eres una persona maravillosa, que te gusta leer y saber mucho de música, que manejas otro idioma, que siempre está allí para sus amigos y que es muy inteligente; eres especial, es por eso...
-Qué debo permanecer solo.


Based on
Rebuild of Evangelion 2.0
You are (not) alone




PD: Son tres personas las que lo hicieron. Gracias Elizbeth :)

lunes, 28 de septiembre de 2009

Reflexión perezosa o La búsqueda del alma (terriblemente yo)


Ahora entiendo que la labor del alquimista es la misma del escritor: busca con preciosismo dentro de su alma para dar a conocer los límites del mundo.
Es semejante al violinista que sentado armoniosamente atreve notas al aire, sacude y menea, inventa y agrupa. Somos al fin y al cabo la misma persona buscando aceptación a través de algo notable, queriendo hacernos notar pero, ¿con qué propósito?
El mismo que llevó al cartero a grabar los sonidos del mundo, el mismo motivo que cautivó a Marco Antonio, la razón por la que el joven alquimista se conviritió en viento y por la cual Proust plasmó sus más torridas decepciones: sólo por ser querido.
¿Es motivo suficiente? No soy digno de juzgar pero creo que sí. Juan Pablo Castel dice que el motivo máximo es obtener la comprensión de alguien, al menos una sola persona; Borges trama eso en Ulrica, haciendo suficiente la vida con un encuentro único, al menos uno solo; Becker adorna el neoclásico con encuentros sentimentales y el Dr. Lecter renuncia a su brazo por una idea parecida.
Estoy cerca creo.
La búsqueda del alma no es más que una introspección del presente desmenuzado en mil emociones pequeñas, desde el olor de la tierra en los pies hasta el dolor casi físico de ver niños pobres en las calles. Cada vez que salgo a buscar esto me encuentro ante un laberinto infinito, con miles de túneles plagado de espejos y huecos falsos donde me engaño a mí mismo. Me veo repetido mil y un veces, mis defectos se acrecentan y las virtudes se vuelven escasas en tremenda inmensidad. Camino y camino buscando una salida o la sala central, donde está el premio, pero por más que me esfuerzo y sigo caminando no encuentro más que pisadas falsas, lugares escavados y cadáveres de recuerdos a flote aún. Allí están los restos del primer beso, la alegría de hacer una celada en fianchetto con un alfil inservible, el dolor de la anestesia agotada y el placer a medias en un pasaje perdido. Veo que cada vez que avanzo retrocedo y el laberinto me obliga a reaprender lecciones pasadas que por alguna razón no asimilé correctamente, como el hecho de salvar cada centavo (que por cada amarillo desperdiciado se pierde un Basadre al mes), cortar las uñas para evitar agujas y anestesia y nunca decir toda la verdad a las mujeres, que si uno les dice que no estás comiendo se escandalizan, que si les dices que ya no dormiste por hacerles una tarjeta se enojan por la tarjeta y no celebran el esfuerzo.

Al fin y al cabo,
el entendimiento del sexo opuesto
debe ser un apartado especial
con miles de volúmenes a dedicar.


Mi busqueda radica entonces en reaprender y buscar a alguien que me entienda, ¿es eso? No me satisface la respuesta. Hoy los pensamientos se pusieron caóticos en mi mente, estoy a punto de reventar y no tengo ningún maldito hombro donde soltar tanta lágrima reprimida. Me gustaría poder contar todo sueltamente pero no sé la frecuencia de visitas ni mucho menos la probabilidad de que alguien conocido se cruce con este texto tan opaco y critique mi falta de responsabilidad al soltar todo lo que siento.
Es todo tan confuso y claro al mismo tiempo: me siento solo entre tanta gente y no sé que demonios hacer para detener esta naranjada. Siempre intenté ser el mejor, el que pudiese crear un Universo de la nada y para eso forcé el conocimiento al extremo de truncarme en odas hebreas y una sonata inmorta de Cliff Burton. Por eso ahora cuando estoy tan adelante, tan cerca a mi meta me pregunto: ¿alguien me entiende para tener una sola esperanza?
Como dijo Eterna, de tanto querer y sufrir terminé aprendiendo más pero

... lo que necesito es más. Me importan poco los besos. Me importan menos las imágenes, las apariencias. Me importan las mentes, las personalidades. Me importa lo que realmente importa...

Aún sigo incrédulo de que no entiendas lo mucho que te quiero. Que te lo he dicho más de tres veces en serio y me tomas en broma, o tal vez eres precavida o tal vez no quieres dañarme con la verdad; el hecho es que sufro y ni siquiera tengo la certeza de haber marcado algo, de haberme ganado el derecho a ser un recuerdo en tu mente y no algo que se desecha para conservar en la memoria cosas más importantes como el precio del dólar o la dicotomía del cielo y el infierno. Sigo buscando de todas formas, me he truncado en tí porque te conozco y sé como eres, no me interesa la belleza, solamente me interesas tú (en el terrible todo que eso implica, defectos y virtudes, belleza y alma)
El día que lo entiendas ven y explícamelo por favor, mi alma sigue vagando por tu distrito y no sé que hacer para recuperarla...




PD: Tal vez sea hora de buscar un sitio donde gritar sin que nadie me detenga. Un manicomio estaría bien...

miércoles, 23 de septiembre de 2009

Errando...

¿Qué haces cuando puedes ver el futuro?
La mayoría dice que lo aprovecharía, que cambiaría todo lo malo y haría este un lugar mejor. Eso es mentira. Si lo quisieran hacer, se volverían codiciosos pronto y nadie los controlaría; pero Joseph sabe la verdad y sabe muy bien que el futuro es una ilusión del presente, puede ser observado pero no modificado.
Joseph es solamente un testigo más de la maraña de situaciones aparentemente futiles pero suficientes para desaparecer naciones. Empezó a vivir por culpa de un judío que lo condenó por cumplir su trabajo y ahora deberá esperar a que vuelva viajando una y otra vez por la tierra, viendo perecer a toda la gente y a las naciones surgir. Cada vez que visita Cusco conversa con el hijo del Sol, que ahora resulta esclavo de una nueva civilización que lo oprime. Cada vez que llega al límite del mundo se echa a descansar durante seis meses pero ahora hay menos hielo y más cadáveres de animales. Cada vez que pasa por Arimatea pregunta si hay algo nuevo pero ahora la gente ya no es religiosa, prefiere las armas y las guerras sin sentido, matar palestinos para dar sentido a sus vidas.



El mundo está cambiando a pasos agigantados y Joseph está preocupado. Los sabios vaticinaban la Parusía para el comienzo del segundo milenio de espera pero nada parece indicar dicho arribo. Ha aprendido tanto que ya no sabe que hacer, si escribir o disfrutar del placer mundano. Nuestro personaje en cuestión, el señor Joseph Cartaphilus es un erudito puro a cuestión de fuerza: de tanto vivir tenía que aprender. Conoce desde el sánscrito hasta el esperanto, las piezas de Beethoven y los últimos éxitos de Red Hot Chili Peppers, la diferencia entre un Debian y un Fedora. Es de los que vagan por la calle aceptando todo, diciendo cuando interiormente, maldice las palabras que lo tienen atado:

-Yo os aseguro: entre los aquí presentes hay algunos que no gustarán la muerte hasta que vean al Hijo del hombre venir en su Reino.

Y sigue esperando. Conoció el amor, lo vió irse, sufrió mil heridas, tanto corporales como mentales, punzocortantes y sentimentales. Fue justamente por una herida que conoció a Sofia, caminando con un tajo de carnicero en el brazo y ella asustada por el rastro de sangre.
-¡Tiene que ir a un hospital! gritó ella.
-No es necesario, deme un tylenol y olvidemos el asunto.
Ella no aceptó el trato y lo llevó a su departamento. Entre lo poco que sabe bien (es decir, de las cosas que nunca duda al hacerlas) es primeros auxilios, a pesar de nunca haberlos puesto en práctica. Coge el desinfectante, las vendas y los demás ungüentos mágicos que Joseph vió ser inventados en el lejano imperio de Shin. Ella concentrada y él la observa de pronto sorprendido: es el mismo rostro de la doncella que no tenía manos, aquella que simboliza el aspecto más joven de la Diosa. La contempló mientras ella acababa su tarea y sintió el mismo asombro que Tabris al caminar por ese pequeño sector del mundo, asombro y fascinación sin explicación por algo tan sencillo como el rostro alegre y despreocupado de una bella dama.
-Sabes, dijo ella, Gabriel me dijo que las cicatrices son el mapa del alma.
-Entonces conoces a Gabriel.
Sofía se sorprendió, era como si solamente existiese un Gabriel en el mundo y así se lo dijo.
-Ambos sabemos de que Gabriel hablo.
Ella lo sabía pero no sabía que era un arcángel con el poder de someter a Abadón, el destructor jefe de los demonios de la 7ª jerarquía. No sabe que es testigo del miedo de persecuciones, miles de matanzas en ghettos, y autor de miles de desgracias. Tal vez porque para tí soy un cero a la izquierda es que no me prestas atención cuando el señor Cartaphilus descansa y regala sabiduría que salva, de esa que traspasa los siete mares y vuelve al mismo lugar en forma de mirada penetrante, de esa que Robert Watson-Watt decía el secreto del arma definitiva. Son esos ojos que contienen la Verdad detrás de la puerta, de las miradas que revelan nada y hacen especular todo, ya que Sofía no entiende lo que dice pero que mala suerte, es como estar en un pozo sin fondo oyendo el secreto de la sangre en las venas y el nacimiento intrínseco de las llamas del alma. El momento es eterno y no sabe que hacer, Joseph no puede creer este encuentro tan exacto, sólo por un ladrón que intentó arrebatarle el espejo que Lennart alguna vez le regaló y que al no querer soltarlo le provocó herida bárbara, ahora está frente a esas personas que sonrien y el mundo se cae de perfecto.
-Te lo agradezco, doncella aparte.
¿? Sofía entiende poco pero no, tu sabes bien...
-El tiempo llegará y verás que tu futuro es eminente. Puede que no me escuches pero lo diré: que cuando la Parusía comience, tú serás protagonista y estarás agradecida de haberme curado. Sólo asegurate de cuidar a ese ángel insensato y de que no abandonde su tarea.
-¿Gabriel es un ...?
-Tengo miles de años de observar el futuro. Puedo ver desgracias que no quiero que sucedan pero nunca se pueden evitar, el destino está hecho y no queda más que presenciarlo. Eso es lo que soy, un simple testigo.
-Todos tenemos el libre albedrío.
-Eso es una mentira falaz.

(Ahora sonreirás y me iré y nunca más nos veremos, doncella, vaticina Joseph)

Pero ella no sonrie, llora y el tiempo se detiene. ¿Ha fallado la mirada premonitoria de Joseph?
-Quiero cambiar mis sueños por aire, quiero dejar todo y no saber nada, que desde que apareció Gabriel, desde que empecé a salir con Gonzalo no tengo sosiego, tengo miedo de estar haciendo mal, de hacer daño, solloza la joven.
¿Ha terminado mi don? ¿mi castigo está por fin pagado? Joseph está junto a la chica que llora y lo único que tiene en mente es que ya no tiene que cargar con el peso de una pena impuesta hace dos mil años.

...

Gonzalo llega a casa y Sofía sonrie de nuevo. Le alegra verla tan feliz.
-¿Qué tal tu día niña?
-Ayude a un señor con una herida que asqueaba y me dijo el futuro.
-¿Qué?
-Y no te preocupes, seremos felices.
-¿Él te lo dijo?
-No. Pero después de dos mil años entendió que todos podemos cambiar el destino así que me propongo hacerte feliz no importa lo que pase.
-...
-...
-Entonces también prometo hacerte feliz.
-No es necesario.

Si tú sonries, yo seré la persona más afortunada.


PD: Hoy me propongo cambiar todo y no ser un simple espectador.
Gracias a todos por el ánimo de estas últimas semanas.

:)

Y gracias a todos los que llegaron hasta aquí, sé que el texto es bien pesadito...