miércoles, 23 de septiembre de 2009

Errando...

¿Qué haces cuando puedes ver el futuro?
La mayoría dice que lo aprovecharía, que cambiaría todo lo malo y haría este un lugar mejor. Eso es mentira. Si lo quisieran hacer, se volverían codiciosos pronto y nadie los controlaría; pero Joseph sabe la verdad y sabe muy bien que el futuro es una ilusión del presente, puede ser observado pero no modificado.
Joseph es solamente un testigo más de la maraña de situaciones aparentemente futiles pero suficientes para desaparecer naciones. Empezó a vivir por culpa de un judío que lo condenó por cumplir su trabajo y ahora deberá esperar a que vuelva viajando una y otra vez por la tierra, viendo perecer a toda la gente y a las naciones surgir. Cada vez que visita Cusco conversa con el hijo del Sol, que ahora resulta esclavo de una nueva civilización que lo oprime. Cada vez que llega al límite del mundo se echa a descansar durante seis meses pero ahora hay menos hielo y más cadáveres de animales. Cada vez que pasa por Arimatea pregunta si hay algo nuevo pero ahora la gente ya no es religiosa, prefiere las armas y las guerras sin sentido, matar palestinos para dar sentido a sus vidas.



El mundo está cambiando a pasos agigantados y Joseph está preocupado. Los sabios vaticinaban la Parusía para el comienzo del segundo milenio de espera pero nada parece indicar dicho arribo. Ha aprendido tanto que ya no sabe que hacer, si escribir o disfrutar del placer mundano. Nuestro personaje en cuestión, el señor Joseph Cartaphilus es un erudito puro a cuestión de fuerza: de tanto vivir tenía que aprender. Conoce desde el sánscrito hasta el esperanto, las piezas de Beethoven y los últimos éxitos de Red Hot Chili Peppers, la diferencia entre un Debian y un Fedora. Es de los que vagan por la calle aceptando todo, diciendo cuando interiormente, maldice las palabras que lo tienen atado:

-Yo os aseguro: entre los aquí presentes hay algunos que no gustarán la muerte hasta que vean al Hijo del hombre venir en su Reino.

Y sigue esperando. Conoció el amor, lo vió irse, sufrió mil heridas, tanto corporales como mentales, punzocortantes y sentimentales. Fue justamente por una herida que conoció a Sofia, caminando con un tajo de carnicero en el brazo y ella asustada por el rastro de sangre.
-¡Tiene que ir a un hospital! gritó ella.
-No es necesario, deme un tylenol y olvidemos el asunto.
Ella no aceptó el trato y lo llevó a su departamento. Entre lo poco que sabe bien (es decir, de las cosas que nunca duda al hacerlas) es primeros auxilios, a pesar de nunca haberlos puesto en práctica. Coge el desinfectante, las vendas y los demás ungüentos mágicos que Joseph vió ser inventados en el lejano imperio de Shin. Ella concentrada y él la observa de pronto sorprendido: es el mismo rostro de la doncella que no tenía manos, aquella que simboliza el aspecto más joven de la Diosa. La contempló mientras ella acababa su tarea y sintió el mismo asombro que Tabris al caminar por ese pequeño sector del mundo, asombro y fascinación sin explicación por algo tan sencillo como el rostro alegre y despreocupado de una bella dama.
-Sabes, dijo ella, Gabriel me dijo que las cicatrices son el mapa del alma.
-Entonces conoces a Gabriel.
Sofía se sorprendió, era como si solamente existiese un Gabriel en el mundo y así se lo dijo.
-Ambos sabemos de que Gabriel hablo.
Ella lo sabía pero no sabía que era un arcángel con el poder de someter a Abadón, el destructor jefe de los demonios de la 7ª jerarquía. No sabe que es testigo del miedo de persecuciones, miles de matanzas en ghettos, y autor de miles de desgracias. Tal vez porque para tí soy un cero a la izquierda es que no me prestas atención cuando el señor Cartaphilus descansa y regala sabiduría que salva, de esa que traspasa los siete mares y vuelve al mismo lugar en forma de mirada penetrante, de esa que Robert Watson-Watt decía el secreto del arma definitiva. Son esos ojos que contienen la Verdad detrás de la puerta, de las miradas que revelan nada y hacen especular todo, ya que Sofía no entiende lo que dice pero que mala suerte, es como estar en un pozo sin fondo oyendo el secreto de la sangre en las venas y el nacimiento intrínseco de las llamas del alma. El momento es eterno y no sabe que hacer, Joseph no puede creer este encuentro tan exacto, sólo por un ladrón que intentó arrebatarle el espejo que Lennart alguna vez le regaló y que al no querer soltarlo le provocó herida bárbara, ahora está frente a esas personas que sonrien y el mundo se cae de perfecto.
-Te lo agradezco, doncella aparte.
¿? Sofía entiende poco pero no, tu sabes bien...
-El tiempo llegará y verás que tu futuro es eminente. Puede que no me escuches pero lo diré: que cuando la Parusía comience, tú serás protagonista y estarás agradecida de haberme curado. Sólo asegurate de cuidar a ese ángel insensato y de que no abandonde su tarea.
-¿Gabriel es un ...?
-Tengo miles de años de observar el futuro. Puedo ver desgracias que no quiero que sucedan pero nunca se pueden evitar, el destino está hecho y no queda más que presenciarlo. Eso es lo que soy, un simple testigo.
-Todos tenemos el libre albedrío.
-Eso es una mentira falaz.

(Ahora sonreirás y me iré y nunca más nos veremos, doncella, vaticina Joseph)

Pero ella no sonrie, llora y el tiempo se detiene. ¿Ha fallado la mirada premonitoria de Joseph?
-Quiero cambiar mis sueños por aire, quiero dejar todo y no saber nada, que desde que apareció Gabriel, desde que empecé a salir con Gonzalo no tengo sosiego, tengo miedo de estar haciendo mal, de hacer daño, solloza la joven.
¿Ha terminado mi don? ¿mi castigo está por fin pagado? Joseph está junto a la chica que llora y lo único que tiene en mente es que ya no tiene que cargar con el peso de una pena impuesta hace dos mil años.

...

Gonzalo llega a casa y Sofía sonrie de nuevo. Le alegra verla tan feliz.
-¿Qué tal tu día niña?
-Ayude a un señor con una herida que asqueaba y me dijo el futuro.
-¿Qué?
-Y no te preocupes, seremos felices.
-¿Él te lo dijo?
-No. Pero después de dos mil años entendió que todos podemos cambiar el destino así que me propongo hacerte feliz no importa lo que pase.
-...
-...
-Entonces también prometo hacerte feliz.
-No es necesario.

Si tú sonries, yo seré la persona más afortunada.


PD: Hoy me propongo cambiar todo y no ser un simple espectador.
Gracias a todos por el ánimo de estas últimas semanas.

:)

Y gracias a todos los que llegaron hasta aquí, sé que el texto es bien pesadito...

8 comentarios:

Call me Juliet dijo...

Sabias palabras las de Sofía.
El texto me ha dejado un sabor a esperanza deslizándose por mi paladar como un caramelo de limón =)

Me encanta(s)

iona dijo...

que una sonrisa lo solucione todo

mua lindo

aLba * dijo...

yo me encargare de que tu sonrisa jamas se pierda..

Jud dijo...

El futuro es algo que no podemos modificar, o tal vez si, lo peor de todo esto es que nunca lo podremos saber porque siempre pasará eso de 'y si hubiera...?'. Es lógico. Me gustó tu manera de escribirlo esto.

Y nunca dejes de sonreír, por favor...

Jud dijo...

¿Qué haces cuando no hay nadie que te haga sonreír lo suficiente?

...

Diario de nuestros pensamientos dijo...

Yo nunca creí en el destino, siempre he pensado que el destino lo hace uno nismo con sus acciones

Sé feliz, e intenta lo que sea.

Besosss

Nacho dijo...

MUy bueno el texto,lo escribist vos o lo sacast d algun lado?

Mer dijo...

Si te sonrie el alma,si lo consigue,entonces todo estará bien.

Mer