martes, 7 de abril de 2009

Zaguán de causas perdidas III

Se escuchan las explosiones y todos gritan excepto ellos dos: ella se agacha en la carpeta y él se asegura que ella esté a salvo.
-Salgan todos de la clase con calma,- lo cual nunca se cumple ya que no sólo las chicas salen corriendo sino que los chicos en manadas las atropellan y luchan por llegar al patio principal del instituto.
La rebeldía fue opacada rápidamente por el pánico que a pesar ya casi adultos todos los alumnos están sudando, las chicas abrazadas al primero que encuentran y varios se dejan caer. El suelo está al revés y la pinche madre tierra los dejó otra vez. Vuelve a ver y a creer, sangre púrpura empapando el pabellón M, los chicos que no pudieron escapar ahora en el cielo se dan cuenta que la guerra nunca estuvo tan lejos como creían (en la tele, en los periódicos, en las ciudades marginales donde el ejército gastaba sus últimas municiones)
Él la miraba con pena, sin valor para tomarla del brazo porque la pobre perdió la orientación, porque la pobre se volvió de repente un gato sin bigotes. No sabe que ella lo busca desesperadamente, que ella quiere abrazarlo y escucharlo decir 'todo está bien' aunque no lo esté, quiere tomar su brazo y decirle 'vamonos de aquí' y no regresar a casa sino llevarlo a ese, su pasaje secreto y besarlo como siempre quiso: al estilo Amelie.
Explosiones y ella lo busca. Explosiones y él no se decide hasta que la ve caer, la última cayó muy cerca y él desesperado corre en dirección contraria a todos, corre a ella, a la del vestido infinito y la toma en sus brazos y lo único que se le ocurre es decir un cliché de Café Tacuba:
-Aquí estoy a tu lado, y espero aquí sentado hasta el final.
Él sentado con ella entre sus brazos, ella creyendo soñar se desmaya en paz. Él no sabe que hacer cuando un profesor la toma en brazos y le grita que evacué con los demás, que se salve y él se pierde y no puede evitar quedarse parado.


Inercia.
Él es un cuerpo en reposo que de repente cambia su estado a movimiento continuo por una señora de edad. No la reconoce. No importa.
Inercia.
Él debería quedarse allí con ella, no huir con los demás pero algo lo jala y él se deja llevar.
Inercia.

Y se lo llevan y nada puede hacer para cambiarlo. Al menos no tendrá heridas en el cuerpo.




Pero en el corazón te quedan cicatrices
mas ninguno lás verá...

6 comentarios:

crysania dijo...

muchas gracias por el premio!!!

sabes? hay uno para ti en mi blog :-)

Lascivia dijo...

Solo puedo decir: aplausos, es maravilloso, me encantò sobremanera...Realmente es un relato increìble. Me quito el sombrero ante ti.
Besos lascivos.
Y pensar que solo venìa por el premio...es genial lo que escribiste.

aLba (*) dijo...

hay cicatrizes que nunca curan..
por desgracia..

Toxicosmos dijo...

Las cicatrices en el corazón pocas veces se curan... depende de tantos factores su recuperación!

Me encantó tu relato.

Un saludo.

Jud dijo...

Las cicatrices son como... la lluvia. La ves poco, pero sabes que está ahí.

* ¿No deberías sacar ya esas fuerzas que tanto TIENES y decirselo? Apuesto a que teneis mucho que hablar, y el tiempo de actuar es ahora. ¿Qué es lo que te da miedo?

NiZa_PoLyEtHyLeNe dijo...

y las cicatrices no hacen mas fuertes aún...bonito texto; y digo Bonito porque leerte es como viajar sin evitar envolverse por todo esa bruma misteriosa que resulta ser la mente del escritor que llevas dentro.


Saludos, y gracias por dejarme comentarios. =).