
Ahora entiendo que la labor del alquimista es la misma del escritor: busca con preciosismo dentro de su alma para dar a conocer los límites del mundo.
Es semejante al violinista que sentado armoniosamente atreve notas al aire, sacude y menea, inventa y agrupa. Somos al fin y al cabo la misma persona buscando aceptación a través de algo notable, queriendo hacernos notar pero, ¿con qué propósito?
El mismo que llevó al cartero a grabar los sonidos del mundo, el mismo motivo que cautivó a Marco Antonio, la razón por la que el joven alquimista se conviritió en viento y por la cual Proust plasmó sus más torridas decepciones: sólo por ser querido.
¿Es motivo suficiente? No soy digno de juzgar pero creo que sí. Juan Pablo Castel dice que el motivo máximo es obtener la comprensión de alguien, al menos una sola persona; Borges trama eso en Ulrica, haciendo suficiente la vida con un encuentro único, al menos uno solo; Becker adorna el neoclásico con encuentros sentimentales y el Dr. Lecter renuncia a su brazo por una idea parecida.
Estoy cerca creo.
La búsqueda del alma no es más que una introspección del presente desmenuzado en mil emociones pequeñas, desde el olor de la tierra en los pies hasta el dolor casi físico de ver niños pobres en las calles. Cada vez que salgo a buscar esto me encuentro ante un laberinto infinito, con miles de túneles plagado de espejos y huecos falsos donde me engaño a mí mismo. Me veo repetido mil y un veces, mis defectos se acrecentan y las virtudes se vuelven escasas en tremenda inmensidad. Camino y camino buscando una salida o la sala central, donde está el premio, pero por más que me esfuerzo y sigo caminando no encuentro más que pisadas falsas, lugares escavados y cadáveres de recuerdos a flote aún. Allí están los restos del primer beso, la alegría de hacer una celada en fianchetto con un alfil inservible, el dolor de la anestesia agotada y el placer a medias en un pasaje perdido. Veo que cada vez que avanzo retrocedo y el laberinto me obliga a reaprender lecciones pasadas que por alguna razón no asimilé correctamente, como el hecho de salvar cada centavo (que por cada amarillo desperdiciado se pierde un Basadre al mes), cortar las uñas para evitar agujas y anestesia y nunca decir toda la verdad a las mujeres, que si uno les dice que no estás comiendo se escandalizan, que si les dices que ya no dormiste por hacerles una tarjeta se enojan por la tarjeta y no celebran el esfuerzo.
Al fin y al cabo,
el entendimiento del sexo opuesto
debe ser un apartado especial
con miles de volúmenes a dedicar.
el entendimiento del sexo opuesto
debe ser un apartado especial
con miles de volúmenes a dedicar.
Mi busqueda radica entonces en reaprender y buscar a alguien que me entienda, ¿es eso? No me satisface la respuesta. Hoy los pensamientos se pusieron caóticos en mi mente, estoy a punto de reventar y no tengo ningún maldito hombro donde soltar tanta lágrima reprimida. Me gustaría poder contar todo sueltamente pero no sé la frecuencia de visitas ni mucho menos la probabilidad de que alguien conocido se cruce con este texto tan opaco y critique mi falta de responsabilidad al soltar todo lo que siento.
Es todo tan confuso y claro al mismo tiempo: me siento solo entre tanta gente y no sé que demonios hacer para detener esta naranjada. Siempre intenté ser el mejor, el que pudiese crear un Universo de la nada y para eso forcé el conocimiento al extremo de truncarme en odas hebreas y una sonata inmorta de Cliff Burton. Por eso ahora cuando estoy tan adelante, tan cerca a mi meta me pregunto: ¿alguien me entiende para tener una sola esperanza?
Como dijo Eterna, de tanto querer y sufrir terminé aprendiendo más pero
... lo que necesito es más. Me importan poco los besos. Me importan menos las imágenes, las apariencias. Me importan las mentes, las personalidades. Me importa lo que realmente importa...
Aún sigo incrédulo de que no entiendas lo mucho que te quiero. Que te lo he dicho más de tres veces en serio y me tomas en broma, o tal vez eres precavida o tal vez no quieres dañarme con la verdad; el hecho es que sufro y ni siquiera tengo la certeza de haber marcado algo, de haberme ganado el derecho a ser un recuerdo en tu mente y no algo que se desecha para conservar en la memoria cosas más importantes como el precio del dólar o la dicotomía del cielo y el infierno. Sigo buscando de todas formas, me he truncado en tí porque te conozco y sé como eres, no me interesa la belleza, solamente me interesas tú (en el terrible todo que eso implica, defectos y virtudes, belleza y alma)
El día que lo entiendas ven y explícamelo por favor, mi alma sigue vagando por tu distrito y no sé que hacer para recuperarla...
PD: Tal vez sea hora de buscar un sitio donde gritar sin que nadie me detenga. Un manicomio estaría bien...