sábado, 16 de mayo de 2009

La cordura en los ángeles y bombones a pedido

Le doy a la vida un golpe más y revienta cual niño sin chocolate.

Mi presentación va a ser fantástica y nada creible. Soy un ángel, no de esos que aparecen en la Biblia, sino de los que existen y hacen de guardianes del mundo invisible. Mi nombre es Gabriel y vendo los sueños de las personas por un precio razonable: el justo, el que les costaría en varios años de trabajo y dedicación.
Recuerdo a esa pequeña, la del diario, la pequeña Ana. Clamaba por un cambio de mundo que trajera lo mejor de las personas y cuando le propuse cambiar todo eso se negó a pagar el precio: permanecer con su familia. Fue así como se inició su martirio, su diario, su historia inmortal. No todos corrieron esa misma suerte; en Brasil (con ese, no con zeta como lo escriben aquellos señores que se creen dueños del mundo) hubo un escritor dispuesto a todo por obtener fama y fortuna y se la concedí a cambio de un precio fácil: adoración de la Bestia y propagación del Rito Sagrado. Coelho lo hizo así y luego se arrepintió hasta el extremo de querer lavar todos sus pecados en agua cuando ya eran tatuaje indeleble en su alma.

Un día un joven quería enamorar a su amada y me ofreció fortuna y poder terrenal. Pobre iluso. Aún así le pedí otra cosa: la desaparición de su legado a cambio de una vida de felicidad plena con su amada.

Nadie entiende a estos mortales, dijo que no y aún así pocos han oido hablar de Tesla.
Otro enigma fue Jesús, el que ustedes llaman Cristo. Le ofrecí el reino del mundo por una postración, le ofrecí salvar a su pueblo a cambio de un milagro en Roma, y hasta le ofrecí salvarlo de la muerte pero igual se negó: prefirió vivir todo el sufrimiento antes que dejarse ayudar por un vendedor, un simple negociante que hace la vida más fácil.
Vienen a mi mente miles de recuerdos y no sé cuál relata más exactamente mi historia: la vez en que dejé ganar a trescientos hoplitas a cambio de la vida de un héroe verdadero, cuando tiré una mnzana a la cabeza de un copión que me dió a cambio su felicidad con tal de ser recordado o la vez en que devolví de la muerte a aquel joven chileno a cambio de la vida de su madre, todo siempre en intercambio equivalente, todo regido por justicia.
Pero es obvio el momento del que quiero hablarles y pido perdón por mi extensión. Soy un ángel que cambia la felicidad por un precio equivalente y ahora encuentro la felicidad a mi alcance: en aquella joven hermosa que atiende en el Banco de la Nación.
Su nombre es Sofía y es hermosa no sólo en cuerpo, también en alma y corazón. Su vida es monótona y sin razón, sin saber que está destinada a conocer el amor a cambio de precio tan alto que hará su historia digna de ser contada.
Ella es común en pensamiento y sencilla en gustos: le gustan los chicos altos y aguerridos, los tallarines que no se pegan y las camisas que le dan esa sensación de frescura. Le gusta sentirse admirada por los chicos por la calle y camina provocativamente, como quien luce una mercadería, como quien se sabe el último pan del mundo. Y se lo merece, a poco un mortal se enamorará de ella, la seducirá con caballerosidad [esa que se acostumbraba antes], con salidas, cocteles y pequeños paseos a callejones. Y yo habré desaparecido...
-¿Por qué no intentas conquistarla tu también?
La gente que los mira al pasar se sorprende de la escena. Un joven de veinte (quizas veintiuno) de camisa blanca impecable, conversando con un orate (ni siquiera un mendigo, sino de esos locos que les pasan mano a las chicas y les faltan el respeto a los curas). Y el orate, que a pesar de ser conocido por mostrar su miembro viril frente a las escolares y perseguirlas y rayar los vidrios de los autos con piedras por diversión, parecía tan cuerdo al hablar, tan culto, tan comprensivo...
-Porque un ángel no puede interferir en el destino de los mortales.
-Claro que si choche. Tú te metiste a anunciar al cristo ese y ahora me diste un poco de chocolate para que no me muriese de hambre. Si te gusta la flaquita, ve y dicelo, asi no tengas permiso, asi se enoje tu jefe, el de arriba.
Y el joven se levantó y caminó. Esa misma mañana le había entregado el bombón y ahora caminaba pensando, reflexionando, riendo y llorando.
Han pasado dos semanas y sigue caminando. Ahora, según su interlocutor, los ángeles están dementes y él es el cuerdo.


No es tan fácil,
cuando tu jefe es el cosmos entero,
aquel que guía los destinos...

7 comentarios:

Osmar dijo...

Creo q es genial levantarse y leer entradas asi...

Sofia parece una especie de Diosa disfruta de este mundo pero de alguna manera pareciera q este girara a su alrededor...

y otra cosa mas caia mejor "inquisiones"

Favio dijo...

juju gracias man
ya le devolví lo de inquisiciones, sólo quería ver si quedaba (creo que sólo a un alquimista de verdad le queda..)

:)

Katty dijo...

un angel qe vende sueños ?

pero a un precio razonable(:

la vrdad no entendi mucho ):

Alhy dijo...

Yo no querría tener ese poder, esa tremenda responsabilidad cósmica de dar o de quitar. Tampoco me gusta la idea de estar a merced de otros, que decidan lo que me conceden o lo que no me merezco. ¿No hay una posición intermedia entre angel y simple mortal? Si no es asi, ¿nos la inventamos? :P

Aunque hace tiempo que acabé mi periodo estudiantil, me estoy preparando el proficiency para junio, asi que si estoy más missing, desaparezco unos dias o no posteo con la frecuencia con la que solia hacerlo, don't worry. Como diria Terminator: ¡volveré! ;)

Kisses boomerang ***

Pd: Han Solo fue mi primer amor platónico. Lo admito :P

ella dijo...

me gusta cuando antes de dormir una historia me saca una sonrisa

nada me provoca mas ternura (con un toque de melancolia) que la belleza que se oculta en una forma de caminar o un alma sencilla, provocadora de un amor que parece imposible.
porque esa sonrisa siempre tiene mi corazon cada vez que desde la ventana veo a las almas adolescentes enamoradas.

saludos
:) me enamora pasarme por aqui

lys dijo...

Es tremendo, todo tiene que tener precio? Para mi que el ángel ese es corrupto, casi seguro.

Un beso, no dos por ser tan inspirado.

Lascivia dijo...

Terrible cuento y terrible destino...vale la pena resignar la felicidd de uno por la de otros...la vida me enseñò que no.
Hermoso, me encantò.
Besos lascivos.